Democracia oligarquia

Características de la oligarquía

El filósofo político Sheldon Wolin acuñó el término totalitarismo invertido en 2003 para describir lo que consideraba la forma de gobierno emergente de Estados Unidos. Wolin analizó que Estados Unidos se está convirtiendo cada vez más en una democracia gestionada (similar a una democracia iliberal). Utiliza el término “totalitarismo invertido” para llamar la atención sobre los aspectos totalitarios del sistema político estadounidense y sostiene que Estados Unidos tiene similitudes con Corea del Norte y el régimen nazi[1].

El libro Días de destrucción, días de revuelta (2012) de Chris Hedges y Joe Sacco retrata el totalitarismo invertido como un sistema en el que las corporaciones han corrompido y subvertido la democracia y en el que la economía supera a la política[2][3][4][5] Cada recurso natural y ser vivo es mercantilizado y explotado por las grandes corporaciones hasta el punto de colapsar mientras el exceso de consumismo y el sensacionalismo adormecen y manipulan a la ciudadanía para que renuncie a sus libertades y a su participación en el gobierno[6][7].

Wolin sostiene que Estados Unidos es cada vez más totalitario como resultado de las repetidas movilizaciones militares: para luchar contra las potencias del Eje en la década de 1940, para contener a la Unión Soviética durante la Guerra Fría y para luchar contra la Guerra del Terror tras los atentados del 11 de septiembre[8][2].

Oligarquía frente a democracia

La oligarquía (del griego ὀλιγαρχία (oligarkhía); de ὀλίγος (olígos) ‘pocos’, y ἄρχω (arkho) ‘gobernar o mandar’)[1][2][3] es una forma de estructura de poder en la que el poder recae en un pequeño número de personas. Estas personas pueden distinguirse o no por una o varias características, como la nobleza, la fama, la riqueza, la educación o el control empresarial, religioso, político o militar.

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A lo largo de la historia, las oligarquías han sido a menudo tiránicas y han dependido de la obediencia pública o de la opresión para existir. Aristóteles fue el pionero en utilizar el término para referirse al gobierno de los ricos,[4] para el que otro término comúnmente utilizado hoy en día es plutocracia. A principios del siglo XX, Robert Michels desarrolló la teoría de que las democracias, como todas las grandes organizaciones, tienen tendencia a convertirse en oligarquías. En su “Ley de hierro de la oligarquía” sugiere que la necesaria división del trabajo en las grandes organizaciones conduce al establecimiento de una clase dirigente preocupada principalmente por proteger su propio poder.

La consolidación exclusiva del poder por parte de una minoría religiosa o étnica dominante también se ha descrito como una forma de oligarquía[5]. Entre los ejemplos de este sistema se encuentran Sudáfrica bajo el apartheid, Liberia bajo los americanistas, el sultanato de Zanzíbar y Rodesia, donde la instauración de un gobierno oligárquico por parte de los descendientes de colonos extranjeros se considera principalmente un legado de diversas formas de colonialismo[5].

Países con oligarquía 2020

La oligarquía es una amenaza para la república americana. Cuando se concentra demasiado poder económico y político en muy pocas manos, corremos el riesgo de perder la “forma republicana de gobierno” que exige la Constitución. Hoy en día, los tribunales aplican la Constitución como si no tuviera casi nada que decir sobre esta amenaza. Pero, como muestran Joseph Fishkin y William Forbath en esta revolucionaria narración de la historia constitucional, el compromiso de evitar la oligarquía fue en su día el centro de una sólida tradición del pensamiento político y constitucional estadounidense.

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Fishkin y Forbath demuestran que los reformistas, los legisladores e incluso los jueces que trabajaban en esta tradición de la “democracia de las oportunidades” entendían que la Constitución impone a las legislaturas el deber de frustrar la oligarquía y promover una amplia distribución de la riqueza y el poder político. Estas ideas llevaron a los jacksonianos a luchar contra los privilegios económicos especiales para unos pocos, a los populistas a intentar acabar con el poder de los monopolios y a los progresistas a luchar por el derecho constitucional a formar un sindicato. Durante la Reconstrucción, los republicanos radicales argumentaron en esta tradición que la igualdad racial requería romper la oligarquía del Poder Esclavo y distribuir la riqueza y las oportunidades a los antiguos esclavos y sus descendientes. El presidente Franklin Roosevelt y los New Dealers construyeron su política en torno a esta tradición, ganando la lucha contra los “realistas económicos” y los “déspotas industriales”.

¿es rusia una oligarquía?

“En el campo de los estudios sobre Israel, hay pocos libros que traten de la economía israelí, en particular el cambio que reconoció la globalización en los años 80 y la carrera hacia la privatización en los primeros años del siglo XXI. La obra de Gottfried remedia este déficit”. (Colin Shindler, profesor emérito, SOAS, Universidad de Londres, Reino Unido) “El estudio de Gottfried ofrece una visión única de la aparición y la función de los clanes oligárquicos de Israel.    Revela los orígenes, los mecanismos de control y las conexiones institucionales entre el Estado, los principales grupos empresariales, los sectores económicos y los medios de comunicación. Una lectura convincente para cualquier persona interesada en la economía política del Israel contemporáneo y en el papel de las oligarquías en el capitalismo global”. (Anastasia Nesvetailova, profesora de IPE, City, University of London, Reino Unido)

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“Se trata de un importante análisis en profundidad del capitalismo de amiguetes en Israel, y de una fascinante perspectiva sobre el desarrollo de la economía política israelí en las últimas décadas. Shelly ofrece una rica perspectiva sobre la naturaleza del poder político y económico en Israel, uno de los temas menos estudiados de la economía política internacional y comparada, pero que puede ofrecer perspectivas y lecciones de gran alcance. Este libro no sólo proporciona una nueva comprensión del nexo democracia-capitalismo; es una lectura esencial para cualquier persona interesada en el Israel contemporáneo y en las consecuencias de la concentración económica en las democracias desarrolladas.” (Guy Rolnik, Profesor Asociado Clínico, The University of Chicago Booth School of Business, EE.UU.)